Un martes sin cámaras
No hace falta que nadie te siga por la calle. Para esta historia ni siquiera necesitamos una lente. Imaginemos un martes reconstruido con los rastros que podrían quedar en distintos servicios.
A las siete y doce apagas la alarma. A las siete y cuarenta buscas cómo llegar a una farmacia. A las nueve y tres escribes el nombre de un medicamento y lo corriges dos veces. Por la tarde consultas una dirección, compras un libro y haces una llamada larga. De noche vuelves varias veces a la pantalla.
No digo que una sola empresa tenga todas esas piezas, ni que cada teléfono las transmita. Algunas pueden quedarse en el aparato; otras dependerán del servicio, los permisos y la configuración. Este martes es una escena imaginada. La pregunta es qué retrato podría construirse si ciertas piezas se reunieran.
Quizá buscabas aquel medicamento para otra persona. Quizá el libro era un regalo. Quizá mirabas la pantalla porque esperabas un mensaje que no llegaba. El registro puede ser preciso y la explicación, equivocada.
Una búsqueda puede caber en una línea. Lo que te costó escribirla, no.
En «Me escuchan en el teléfono» apuntamos hacia esta diferencia. Hoy la formularía con más cuidado: un anuncio oportuno no demuestra una escucha y el perfilado no necesita necesariamente un micrófono. Eso no certifica que ninguna aplicación pueda usarlo indebidamente. Tampoco permite asegurar qué causó un anuncio concreto.1
Esa es la intuición de esta tercera parte: las cámaras que nos preocupan aquí no son cámaras. Son datos reunidos, relaciones calculadas y conclusiones sobre una vida que nadie se ha sentado a escuchar.
Las manos atadas
He escrito «manos atadas» porque así se habla a veces de las garantías. Pero no quiero unas manos libres para entrar en cualquier vida. Quiero que quien tenga poder también tenga límites. Incluida la policía. Incluidas las empresas. Incluidos nosotros.
En España, el régimen general de videovigilancia policial fija en espacios públicos exige autorización administrativa e informe de una comisión con presidencia judicial. Impone proporcionalidad, información al público y destrucción de las grabaciones en el plazo ordinario de un mes, con excepciones. No es correcto decir que cada instalación exige una orden individual de un juez.2
La investigación tecnológica tiene otras reglas. La Ley de Enjuiciamiento Criminal establece garantías para intervenir comunicaciones y exige autorización judicial para incorporar al proceso ciertos datos conservados por prestadores, vinculados a comunicaciones. No cualquier dato de localización se obtiene bajo un único procedimiento.3
No son formalidades para fastidiar a quien investiga. Son una manera de recordar que una finalidad legítima no concede todos los medios. Pueden fallar, y por eso también hay que vigilar su cumplimiento.
Ahora bien: las empresas tampoco están fuera de la ley. El RGPD exige fundamento jurídico, finalidades delimitadas, minimización y límites de conservación. Pulsar «Aceptar» no vuelve legítimo cualquier tratamiento.4
Por eso no sostengo que unos tengan todos los controles y otros ninguno. Sostengo una pregunta: ¿podemos reconocer y discutir el poder de quien reúne nuestros datos con la misma claridad con que reconocemos una actuación policial?
No pidamos menos garantías para el poder que vemos. Hagamos visibles las garantías del poder que nos cuesta reconocer.
Las cámaras que no son cámaras
Una imagen puede mostrar un paso por la calle. Un perfil puede enlazar señales de distintos momentos y atribuirnos intereses, hábitos o necesidades. Eso puede revelar dimensiones que una imagen aislada no recoge. Pero atribuir una intención no es verla. Predecir una conducta no es leer una mente.
Ya en 2013, Kosinski, Stillwell y Graepel mostraron que determinados atributos personales podían estimarse a partir de los «Me gusta» de Facebook en una muestra de voluntarios. El estudio no demuestra que todo perfil sea exacto. Sí demuestra que no hace falta preguntar directamente por algo para inferirlo a partir de otras señales.5
En 2024, una investigación de la FTC sobre nueve empresas de redes sociales y vídeo documentó recopilación extensa, incorporación de datos de intermediarios y dificultades de control para las personas. Es una investigación estadounidense sobre prácticas examinadas, no una radiografía de todas las aplicaciones que usamos hoy.6
Y en enero de 2025, la FTC finalizó una orden contra Mobilewalla, dentro de un acuerdo por acusaciones de vender localizaciones sensibles sin comprobar razonablemente el consentimiento. No hablamos solamente de una posibilidad imaginada.7
El salto que me importa es este: una cosa es registrar, otra deducir y otra decidir cómo tratarte a partir de esa deducción. La primera puede contener errores. Las otras añaden más.
Y también estamos nosotros. Nos gusta que nos recomienden un libro que nos toca por dentro. Agradecemos no tener que empezar cada búsqueda desde cero. No hay nada vergonzoso en querer comodidad, compañía o una pequeña sorpresa.
El problema empieza si esa ayuda requiere entregar algo que no entendimos, o si un retrato provisional termina tratándonos como si ya estuviésemos explicados.
No me inquieta solamente que sepan algo que no quería contar. Me inquieta que decidan quién soy y no me dejen explicarles que se han equivocado.
Orwell no se equivocó de miedo
Quizá la equivocación fue nuestra: quedarnos con el aparato. Leer 1984 y recordar la telepantalla, pero no detenernos lo suficiente en el poder que permite observar, clasificar y exigir obediencia.
Orwell no escribió un catálogo de cámaras futuras. Su novela advertía sobre el totalitarismo. En Divertirse hasta morir, en 1985, Neil Postman contrapuso el control por coerción con la posibilidad de quedar absorbidos por la distracción. No estaba diciendo que cualquier entretenimiento fuese una dictadura.8
Shoshana Zuboff empleó «Big Other» en un artículo de 2015 sobre capitalismo de la vigilancia, antes de su libro de 2019. Su análisis ayuda a pensar un poder económico que convierte la experiencia en materia para predecir e intervenir en el comportamiento. Es una interpretación que podemos discutir, no el nombre de una organización secreta.9
No hace falta que todo dependa de una misma mano para que distintas manos encuentren rentable reunir más información. Tampoco hace falta afirmar que todos los servicios nos manipulan o que la vigilancia comercial equivale a la represión estatal. Son poderes distintos; precisamente por eso hay que examinarlos sin mezclarlos.
Nosotros compramos el teléfono para cosas bastante menos grandiosas. Para no perdernos. Para que nos avisen. Para escuchar una voz. A veces, simplemente, para no sentirnos tan solos al volver a casa.
Es fácil juzgar el permiso que otro concedió. Más difícil reconocer cuántas veces hemos querido que una pantalla nos quitara un problema de encima. Yo no escribo desde un lugar inmune a esa debilidad.
Querer que algo nos haga la vida más fácil no es querer entregar la vida.
El título de esta lectura no absuelve a quien lleva uniforme. Dice que el uniforme no basta para identificar el poder. Y que no deberíamos llamar libertad a una elección solo porque venga envuelta en algo que nos gusta.
El bucle
Aquí está el giro: lo público y lo privado pueden encontrarse. Pero hay que contarlo sin inventar un Estado incapaz de recoger datos ni unas empresas autorizadas a hacerlo todo.
En Estados Unidos, las órdenes de geocerca permitieron pedir a Google datos asociados a un área y un intervalo para buscar posibles implicados. En el caso Chatrie hubo una orden y fases de selección e identificación; no una entrega automática de todos los teléfonos del lugar. El 29 de junio de 2026, el Tribunal Supremo consideró que obtener esos datos constituía un registro sujeto a la Cuarta Enmienda y devolvió el examen de la orden al tribunal inferior. No declaró ilegal toda geocerca.10
La lección no es que los controles no existan. Es que los datos recogidos por un servicio pueden convertirse después en una fuente para investigar. Y que su existencia en manos de una empresa no resuelve por sí sola qué puede exigir el Estado.
El expediente de la FTC sobre Gravy Analytics y Venntel también abordó usos comerciales y gubernamentales de localizaciones; la orden final de enero de 2025 impuso restricciones. Ese caso estadounidense no demuestra que la policía española compre esas bases ni que cualquier colaboración sea ilegal.11
En España, el artículo 588 ter j contempla expresamente datos conservados por motivos comerciales y su cesión al proceso bajo autorización judicial cuando están comprendidos en ese supuesto. Que algo esté en un servidor privado no lo sitúa automáticamente fuera de las garantías.3
Por tanto, «el bucle» es el riesgo que quiero examinar: que una infraestructura creada para una finalidad facilite otra forma de poder sin que se discuta suficientemente ese segundo uso. No es una descripción de una alianza universal ni de un atajo que siempre funcione.
Que un dato cambie de manos no debería hacer desaparecer a la persona a la que pertenece la historia.
Podemos necesitar investigar un delito. Podemos necesitar que un servicio conserve información. Lo que no deberíamos aceptar es que la segunda necesidad dé por contestadas todas las preguntas de la primera.
Quién vigila al vigilante
La respuesta no es soltar todas las manos. Es poder pedir cuentas a todas. No mediante un procedimiento idéntico para cualquier actividad, sino con garantías proporcionadas al poder y al riesgo: un motivo, un límite, una persona responsable y una posibilidad real de reclamar.
Quiero poder distinguir lo que entregué, lo que observaron y lo que dedujeron. Que me expliquen para qué lo usan, con quién lo comparten y cuándo deja de hacer falta. Y que rectificar no sea una carrera de obstáculos. El RGPD reconoce derechos de acceso, rectificación y oposición, entre otros, y garantías frente a determinadas decisiones exclusivamente automatizadas, con sus supuestos y excepciones.4
Pero no todo se arregla añadiendo otra casilla. También importa lo que decidimos no reunir.
Google anunció en diciembre de 2023 un traslado gradual de Timeline al dispositivo y copias opcionales cifradas. La documentación actual explica ese almacenamiento. No fue la desaparición instantánea de todo historial ni de cualquier dato de localización de Google.12
La sentencia Chatrie recoge que Google situó el cambio de ese historial en julio de 2025 y declaró que ya no podía responder a las geocercas dirigidas a él. El alcance es ese historial, no cualquier información sobre una persona.10
La idea útil es sencilla: cuando un servicio no conserva un dato accesible, no tiene ese dato para entregarlo. Eso no borra otras fuentes ni vuelve invulnerable el teléfono. Reduce una exposición concreta.
No pido que borremos nuestros recuerdos para estar a salvo. Quiero conservar una fotografía, una ruta o una conversación si las necesito. Pido que no haya copias innecesarias de mi vida repartidas por lugares que no conozco.
La intimidad no debería obligarnos a vivir sin memoria. Debería impedir que nuestra memoria se convierta, sin límite, en la memoria de otros.
Y pido algo que ninguna predicción debería hacerme olvidar: mañana puedo cambiar. Hoy puedo estar buscando para otra persona. Puedo dejar de querer lo que quise. Un perfil no debería convertirse en una condena a parecerme siempre a mi pasado.
La petición
No pido que dejemos de proteger a quien vuelve con miedo a casa. No pido que cualquier investigación tenga que empezar de cero. No pido que todos los servicios sean gratuitos. Pido que ninguna de esas razones haga desaparecer el «hasta aquí».
En la primera parte hablábamos de la puerta. En la segunda, de la tarde que perdemos defendiéndola. Esta tercera pregunta quién está escribiendo el retrato de quien vive dentro, y qué consecuencias puede tener que lo escriba mal.
Por eso TeLaCuelan no quiere limitarse a decir «ten cuidado». Queremos aprender a distinguir entre un hecho, una inferencia y una sospecha. Y hacerlo sin burlarnos de quien pregunta si su teléfono le escucha. A veces una explicación equivocada nace de haber notado algo que de verdad merece una pregunta.
También tenemos que corregir nuestras propias frases. «Nunca te escuchan» es demasiado rotundo. «Lo saben todo» también. No ganamos nada sustituyendo un miedo impreciso por otra certeza imposible. Si pedimos cuentas, debemos aceptar que nos las pidan.
No hay un ejército detrás de esta lectura. Hay un proyecto impulsado sin ánimo de lucro, medios limitados y el deseo de que otras personas se sumen. El «nosotros» no pretende fingir una multitud. Deja una silla para quien quiera ayudar.
No tenemos una herramienta que revele todos los datos que circulan sobre ti, ni un botón que los borre de todas partes. No sería justo presentarlo así. Tenemos lecturas, preguntas y trabajo por hacer. Y el propósito de que lo que construyamos no repita el abuso que criticamos.
No quiero que TeLaCuelan sepa más de ti para poder ayudarte. Quiero que necesite lo menos posible y te explique el resto.
Ese es un compromiso que habrá que demostrar con el diseño, con las pruebas y con las correcciones. La buena intención no nos convierte en excepción.
Me gustaría que alguien terminara estas líneas sin sentirse pequeño ni vigilado por un poder mágico. Que entendiera mejor qué preguntar. Que pudiera decir «esto no lo sabía» sin vergüenza y encontrar al otro lado una respuesta paciente.
Volvamos al martes. Al libro que quizá era un regalo. Al medicamento que quizá buscabas para alguien a quien quieres. A la pantalla que miraste esperando una llamada.
Detrás no había solamente un comportamiento que predecir. Había una vida que estaba intentando seguir.
No se trata de esconderme.
Que la tarde la pierdan ellos.
Y que quien construya un retrato de mí
no olvide que yo sigo aquí.
No soy solamente lo que saben.
Ni todo lo que creen saber.
Lector de Silencios · TeLaCuelan · Septiembre de 2026